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Las memorias de traducción en la Comisión Europea
Ingemar Strandvik, Servicio de Traducción
de la Comisión Europea

Introducción
Cuando se abordan temas de traducción en relación con el Servicio de Traducción de la Comisión Europea, hay que tener en cuenta el tamaño de este servicio: más de mil traductores, repartidos en seis grupos temáticos con once secciones lingüísticas en cada uno. Dos de los grupos temáticos -es decir, una tercera parte del servicio- se encuentran en Luxemburgo, los otros cuatro están en Bruselas

En estas circunstancias, es normal que los métodos de trabajo y el nivel de coordinación varíen entre las secciones lingüísticas y los grupos temáticos. Se trabaja con dictáfonos, Systran, memorias de traducción, y últimamente, con programas de reconocimiento vocal. Sin entrar en consideraciones sobre cómo se trabaja mejor, puede decirse que esta flexibilidad permite a cada uno encontrar el modo de trabajo que más le conviene.

Con este telón de fondo, me limitaré aquí a aportar algunas reflexiones sobre cómo se trabaja con las memorias de traducción en mi grupo temático, o sea en una sexta parte del Servicio de Traducción. Que conste, pues, que no pretendo dar cuenta de cómo se utilizan las memorias de traducción en el conjunto del Servicio de Traducción y que lo que expongo en adelante sólo me compromete a mí como traductor y usuario del TWB y no representa la opinión de la Comisión.

Los primeros pasos
Pese a lo que acabo de decir sobre la flexibilidad, no cabe duda de que la informatización se está imponiendo, tanto para la traducción como para la documentación. El trabajo interno de desarrollo de aplicaciones informáticas de apoyo a la traducción es importante e impresionante.

Una particularidad del entorno informático de la Comisión es el hecho de que el TWB está integrado en la estructura EURAMIS, que es una aplicación para alinear textos y gestionar memorias centrales de traducción. Para más detalles sobre el entorno informático del Servicio de Traducción, me remito al número 1/98 de la revista Terminología y Traducción, en el que el tema de las aplicaciones de apoyo a la traducción en las instituciones europeas fue tratado de manera exhaustiva. Incluso diría que en la medida en que mis reflexiones sobre la situación de hoy tengan sentido, es en relación con lo que se decía en ese número de la revista.

Es lógico, pues, que haya surgido un interés por las memorias de traducción y que la Comisión, después de unas actividades experimentales, lanzara una licitación en 1996 para adquirir aplicaciones integradas de apoyo a la traducción.

Las razones de este paso fueron el carácter repetitivo de los textos, la importancia de la coherencia terminológica y el afán de aumentar la productividad, como indica Santiago Del Pino en su artículo "La introducción de las memorias de traducción en la Comisión Europea" (publicado en Terminología y Traducción 2/1999, Luxemburgo). Además, con motivo de la futura ampliación, tendremos que aprovechar al máximo las posibilidades que ofrece la informática para integrar las lenguas de los nuevos Estados.

Desde 1997 se ha venido introduciendo poco a poco el Translators' Workbench (TWB) de Trados, primero en el grupo temático que, de acuerdo con los estudios preliminares, era el que tenía los textos más apropiados, y luego en todo el Servicio de Traducción.

La organización del trabajo
Llevamos, pues, unos años usando el TWB, y globalmente la experiencia es muy positiva, incluso en los grupos cuyos textos al principio no parecían suficientemente repetitivos. El desarrollo técnico sigue su curso, y a veces es difícil mantenerse al día, pero en muchos casos lo que constituía un problema hace unos meses ya no lo es.

Aunque la apuesta por las memorias de traducción sea una iniciativa estratégica de la dirección, ello no significa que sea fácil aplicarla. Cuanto más nos adentramos en el mundo de las memorias de traducción, más problemas organizativos se plantean: ¿cómo organizar el trabajo, qué hábitos de trabajo crear, cómo gestionar las memorias? ¿Qué hacer antes, durante y después del tratamiento con el TWB?

El número de documentos que llega a diario es importante y los plazos relativamente cortos. De ahí el interés en detectar los documentos apropiados para el TWB lo antes posible. En nuestro grupo temático hemos optado por un sistema de turnos: un equipo de traductores que se relevan en la tarea de detectar documentos apropiados para el TWB, efectuar el pretratamiento adecuado (extraer alineaciones de la memoria central -la cual no es una memoria compartida en el servidor, sino un depósito del que se extraen "Project memoires" y que luego se actualiza con alineaciones y el resultado de las traducciones-, alinear documentos de referencia, etc.) y enviar una nota a las distintas secretarías indicando el tratamiento que se recomienda en función del resultado de los análisis efectuados.

Ahora bien, lo que no es obvio es qué criterios aplicar a este análisis y cómo seleccionar los documentos para los que se recomienda el uso del TWB. Es decir, ¿qué conclusiones sacar de los resultados de los análisis y qué recomendaciones dar?

¿Imponer el uso?
El hecho de que se recomiende el uso del TWB para un texto determinado no garantiza que vaya a seguirse esta recomendación. No todos los traductores trabajan con TWB. ¿Puede imponerse su uso? Si a un traductor no le gusta el TWB, o si apenas sabe encender el ordenador, sería probablemente contraproducente.

Los primeros en participar fueron los más diestros en el manejo de los ordenadores. Ahora que se extiende el uso del TWB, empieza a plantearse el problema de los usuarios a los que no se les da demasiado bien la informática. Se observa que la creatividad en cuanto a métodos de trabajo aumenta exponencialmente con el número de usuarios. ¿Es bueno o malo, o es igual? ¿Sería preferible trabajar sólo con un núcleo de usuarios expertos?

La gestión de las memorias
¿Cómo asegurarse de que los datos se comparten? ¿Cómo conseguir que las secciones lingüísticas que no procesan el documento con el TWB al menos lo alinean una vez traducido? ¿Cómo asegurarse de que el resultado es enviado a la memoria central, una vez hecha la traducción y la alineación, y que no se queda en el ordenador del traductor? ¿Hasta qué punto hay que coordinar y controlar el uso del TWB?

De vez en cuando se plantea el problema de la validación. ¿Hay que controlar la calidad de lo que se introduce en la memoria central? Para un idioma como el sueco, la pregunta es pertinente, puesto que llevamos sólo cinco años en la Unión Europea y las variaciones lingüísticas en el tiempo son importantes. Es lógico que sea así, ya que lleva tiempo familiarizarse con el entorno y establecer un lenguaje uniforme. Cabe preguntarse si esta distincción es pertinente también para otras lenguas, ya que todas evolucionan en el tiempo, también la terminología. ¿Deberían excluirse, por ejemplo, los textos que tienen más de tres años? ¿Hay que corregir lo que está en la memoria central o basta con descartar las malas traducciones cuando aparecen para que el sistema se "depure"?

Algunos malentendidos
La impresión general es que el entorno informático, incluido el TWB, funciona cada vez mejor. No obstante, persisten algunos malentendidos en cuanto a lo que es una memoria de traducción, lo que se puede hacer con ella y cómo debe utilizarse.

Por un lado, hay detractores que se muestran reacios a la idea de trabajar con memorias de traducción porque no les gusta la traducción automática o porque argumentan que las memorias de traducción afectan a la calidad de las traducciones o que el trabajo resulta menos creativo, el lenguaje más uniforme y se pierde de vista la visión global del texto.

Por otro, algunos partidarios del TWB sobrevaloran la utilidad de su función batch translation, que aquí denominaremos pretraducción.

A menudo, el primer contacto que el traductor tiene con el TWB es una simple pretraducción porque no sabe utilizar el TWB de forma interactiva. Como la utilidad de estas pretraducciones es muy limitada, a menudo los escépticos ven así confirmados todos sus prejuicios.

Generalizar el uso del TWB implica formar a los usuarios. Lo primero que hay que inculcar es que una memoria de traducción no es la panacea, sino una herramienta entre muchas otras. Lo segundo, que una correspondencia, un match, sólo indica que el segmento en cuestión ya ha sido traducido anteriormente, parcialmente o en su integralidad. No indica nada de la calidad de la traducción, ni de cómo encaja el segmento en el contexto. Hay, pues, que desconfiar tanto de lo que propone el TWB, como de lo que uno encuentra en diccionarios o en bases documentales.

Esta es la razón por la cual me parece sobrevalorada la utilidad de las pretraducciones, las batch translations. En cambio, trabajando en modo interactivo, se procesan todos los segmentos conscientemente. Resulta fácil entonces analizar si otra traducción es mejor o si la que genera el TWB es la adecuada, se pueden comparar las diferentes opciones y, si las hay, se ven las diferencias entre los segmentos. Usada en modo interactivo, la memoria de traducción constituye un apoyo dentro del proceso de traducción, mientras que la pretraducción no es sino otro documento de referencia más, sólo que más difícil de tratar, puesto que no se sabe de dónde proceden los segmentos, ni en qué difieren del original las correspondencias inferiores al 100 %.

Utilizada en modo interactivo la memoria de traducción no tiene nada de traducción automática, sino de traducción sistemática, lo que es muy distinto y muy valioso para determinados tipos de textos, que por otra parte son más numerosos de lo que se pensaba inicialmente.

Si se trataba de traducción literaria, está claro que un lenguaje uniforme sería negativo. Pero, considerando los tipos de textos con los que trabajamos, las más de las veces es fundamental conseguir un lenguaje coherente y uniforme en los diferentes documentos de una misma materia.

En mi opinión, a condición de que se analicen correctamente los textos antes de empezar y se trabaje interactivamente con la memoria, incluso resulta más creativo trabajar con el TWB que cortando y pegando. Puesto que a menudo se ahorra bastante tiempo utilizando las memorias, se dispone así de un margen mayor para mejorar la calidad del texto en su conjunto, tanto lingüística como terminológicamente; es decir: para analizar el texto como texto, lo cual no sólo es creativo sino que contribuye a la coherencia terminológica.

Conclusiones
La introducción de memorias de traducción es una iniciativa estratégica de la dirección del Servicio de Traducción. Llevamos unos años en una primera fase que podría calificarse de improvisación. Ahora hay que consolidar la experiencia adquirida, afinar los métodos de trabajo y aumentar el rendimiento. Para ello debemos aprovechar todo el potencial que ofrecen las memorias de traducción y nuestro entorno informático, lo que implica dar un paso más y continuar desarrollando la automatización del pretratamiento y del postratamiento, porque ahí es donde se pierde tiempo. Ello permitirá que los traductores se centren en su labor de traducción, con la ayuda de las aplicaciones, pero sin que dejen de pensar o de procesar intelectualmente lo que traducen.

En otras palabras, me parece que la clave de la utilidad del TWB está en su utilización interactiva y en la precaución con las pretraducciones.

Puesto que la idea de la introducción del TWB en el arsenal de aplicaciones informáticas del Servicio de Traducción era aumentar la productividad, tarde o temprano se nos pedirán cuentas. El problema será entonces cómo calcular ese aumento de productividad. En la mayoría de los casos se trabaja bastante más rápidamente con el TWB, lo que permite dedicar más tiempo a la mejora de la calidad o a traducir más páginas. Sin embargo, algunas veces no se consigue una mayor rapidez, aunque sí una mayor coherencia terminológica, puesto que se detectan incongruencias o irregularidades en textos de referencia u originales que nunca habrían salido a la luz si no hubiera sido por la memoria de traducción. Finalmente, algunas veces uno pierde mucho tiempo en problemas técnicos de todo tipo, pese a la eficacia de nuestro helpdesk. Pero, ¿cómo cuantificar todo esto?

 

 

Octubre 2001